Si de par en par tus ojos
me miran, no sé qué miran.
¡Cuánta luz para mí sólo!
¡Cuánta avidez detenida!
¿Qué te exalta? ¿Qué me exiges?
¿Tanta alegría no es ira?
¿No es una gloria que pierde
la razón por excesiva
o un esplendor tenebroso
de naranja dulce y fría?
La noche ya no es la noche,
se trasciende submarina;
tú no eres tú, te trastorna
un más allá que te irisa.
apágate poco a poco,
hazte, pequeño, más mío.
Cuando te tengo y me tienes
somos la eterna pareja,
somos la forma indivisa,
somos islas en tinieblas.
Cuando navego fundido
por tu espesada indolencia,
cuando abrazándote encuentro
la redondez del planeta
somos, a muerte, la vida
que en mi tiembla, que tú encierras.
Allá afuera queda el mundo
con sus relojes a vueltas,
sus faroles alineados,
sus timbres siempre de urgencia;
aquí adentro, tú y yo, solos, juntos
completamos la conciencia.
Parece que todo empieza
y acaba cuando sonrío,
recogiéndote apretado
calor pequeño y sombrío,
delicia casi sin forma.
¡Oh, mi dulce animalito
de ojos vivos! Te descubro
y comienzo por el principio.
Por ti todo me resulta
tan justo como sencillo,
todo bello, tan concreto
que sobran los adjetivos.
Fechas, cielos, horas, sitios
exactos me bastan y en el instante
vulgar hallo un paraíso.
Enumero: Once, doce,
noreste, siete de mayo,
dieciséis grados, seis de la tarde,
mar picado, viento vivo
y ese momento, de pronto,
CONTIGO al lado es distinto.
Tentados por nuestros sueños,
entre besos, nos reímos
y una alegría tremenda
de tenerte, de estar vivos
me enseña cómo se puede
prescindir de lo infinito.
Cada instante es un momento
en que se da lo absoluto
en cada gozo concreto
tengo la vida en un puño.
La piel que he estrenado,
ese gemido que escucho,
el olor de tu manzana,
el besarte que disfruto
son actos que, bien vividos,
dan lo total en un punto.
Nada es vulgar, nada es vano
si en ello, a fondo, me sumo.
Cuando el pulso bate lleno
no hay pasado ni hay futuro,
sólo presente si me regalas tu cuerpo,
tu acto, tu ser maduro.
Sé que no puedo y no debo
guardar para mí escondidos
estos versos que parecen
como de tontos fingidos.
Quiero cantar para todos
como me pide tu instinto;
las palabras que me brotan
buscan en ti su sentido.
Tú dices: Eso me gusta,
lo entendería hasta un niño,
o dices, con qué desprecio:
Estos versos son bonitos,
o dices: Yo soy del pueblo
Y no lo entiendo, señorito
Y entonces no sé qué siento
y me avergüenzo y corrijo.
Vamos así por el mundo
caminando, sonriendo,
recogiendo lucecitas
con la punta de los dedos
y poniendo telegramas
de alegría para el pueblo.
Unidos no nos aislamos,
proponemos un ejemplo,
salvamos lo que nos dejan,
luchamos como podemos.
Los pobres como Dios manda
Se aguantan, dicen los ecos;
mas nosotros, de la mano,
vamos andando y pidiendo
la libertad que queremos
para todos al querernos.